La leyenda de Little Bastard

La leyenda de Little Bastard

James Dean nació el 8 de febrero de 1931, fue un actor estadounidense de cine, teatro y televisión que se convirtió en un icono cultural para los jóvenes, representando la falta de ilusión adolescente y la rebeldía en sus papeles y, más allá, en su forma de vida. La muerte de Dean fue un duro golpe para la sociedad estadounidense, ya que perdieron a uno de sus mayores ídolos.

Su muerte encajó perfectamente con una frase que se le atribuye a él: “Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”. Pero alrededor de su accidente circulan muchos rumores y leyendas que hacen pensar que el coche estaba maldito.

Ni siquiera se suponía que ese coche fuera para él, pero debido a su impaciencia por competir acabó quedándose con él, un Porsche 550 Spyder, en lugar del Lotus MK X que había encargado. George Barris tuneó el coche, al cual Dean bautizaría como Little Bastard por su dificultad a la hora de conducirlo, debido a su estructura de aluminio y sus altas velocidades.

Esta dificultad sumada a los comentarios de varios amigos del actor podían ser interpretados como presagios de lo que acabaría pasando. Ursula Andress no quiso subirse y Eartha Kitt dijo que el automóvil le transmitía malas vibraciones. Alec Guiness le dijo el 21 de Septiembre de 1955 que le parecía siniestro y que no debería utilizarlo porque podría morir en una semana.

El 30 de Septiembre James quería participar en una carrera en Paso de Robles (California), así que se dirigió allí en una ranchera que tiraba de Little Bastard con su amigo Bill Hickman, seguidos en otro coche por su mecánico Rolf Wuetherich y el fotógrafo Sandford Roth. En cierto punto del camino, su impaciencia volvió a jugarle una mala pasada y decidió montarse en el coche para ir acostumbrándose a su conducción, su mecánico subió con él.

En el cruce de la Ruta 41 con la 466 chocó con el coche del joven estudiante Donald Turnupspeed a una velocidad de 89 kilómetros por hora. Rolf salió disparado del coche y se rompió la mandíbula, la clavícula y una pierna, Donald solo se rompió la nariz y se dislocó un hombro, mientras que James Dean murió al romperse el cuello, además de otras lesiones internas.

Pero la leyenda de Little Bastard comienza después del accidente, cuando dejó un rastro de cadáveres y heridos a su paso. George Barris compró lo que quedaba del Porsche y lo llevó a su taller. Allí, las cuerdas con las que lo sujetaron se rompieron y el coche cayó sobre un mecánico, partiéndole las piernas.

Después, George lo desguazó y empezó a vender las piezas por separado: el motor a Troy McHenry, el chasis a William Eschrid y las ruedas a un joven de Nueva York. Cuando los dos primeros competían en una carrera el primero perdió el control y se estrelló contra un árbol, muriendo en el acto, el segundo se salió en una curva y quedó gravemente herido. Al chico que había comprado las ruedas le estallaron las dos a la vez y acabó en coma.

Mientras el coche estaba en el garaje de Barris un joven intentó robar el volante y perdió el brazo. Barris, después de tantas desgracias, decidió aceptar la petición de la policía de California de incluir a Little Bastard en una exposición sobre los peligros de la carretera y, entonces, su garaje salió ardiendo, quedando todos los coches carbonizados salvo uno. Exacto.

Después fue expuesto en un instituto de Sacramento, donde se cayó inexplicablemente del pedestal, rompiéndole la cadera a un estudiante. Más tarde, mientras un camión lo transportaba, éste se precipitó contra otro coche que había aparcado cerca.Cuando Barris quiso recuperar el vehículo contrató a una agencia de transportes para que lo trasladaran hasta su casa, pero cuando el camión llegó a su destino el coche simplemente había desaparecido.

Gran parte de lo que se sabe de esta maldición proviene del libro del propio George Barris, Cars of the stars, por lo que no podemos confirmar que sea realidad o sólo leyenda, pero desde luego ha sido una interesante historia con la que recordar al protagonista de Al este del Edén(1955), Rebelde sin causa (1955) y Gigante (1956) , James Dean.

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